Memorias del Corregimiento de Mondomo
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“Mondomo mi patio, mi casa”.
Por: Elkin Yamith Burbano Hernández
Mondomo, el corregimiento del municipio de Santander de Quilichao, está ubicado a 16 kilómetros de la cabecera municipal sobre la carretera Panamericana. A 1350 msnm en la cordillera occidental de Colombia, tiene una temperatura promedio de 21°C. Su población asciende a 5.000 habitantes, se ha destacado por su resiliencia y el desarrollo de una agroindustria basada en la producción de almidón y café.
Conocer la historia de Mondomo desde las memorias de su gente es adentrarse en anécdotas apasionadas, documentos erosionados y fotogramas antiguos guardados con celo en carpetas corroídas por el paso del tiempo. Relatos vivaces y coloridos en las voces de los descendientes de las familias fundadoras, donde afloran Los Vergara, Los Fernández, Los Sarria, Los Martínez, Los Cifuentes, Los Rebolledo, Los Vivas, entre otros. La historia de Mondomo se va tejiendo a medida que las memorias de sus narradores se van contrastando, traslapando y juntando.
La escritura de compra venta
Una mañana del 30 de agosto de 1836, ante el escribano de Caloto, se hicieron presentes los señores Ramón Rebolledo, vecino de Popayán, vendedor, y el Sr. Marcelino Vivas, vecino de la parroquia de Tunía, comprador. En esta transacción Ramón Rebolledo, hijo de Francisco Antonio Rebolledo, vende a Marcelino Vivas un “globo” de terreno de la hacienda Mondomo ubicado en el sector “La laguna” por $2000 pesos. El predio había sido entregado en herencia por la española doña María Tejada, a sus hijos Francisco Antonio y Miguel Rebolledo Tejada. Posteriormente, Belarmino Rengifo, notario de Santander de Quilichao, daría fe del acto.
En 1856 Marcelino Vivas le vende otro globo de terreno a Miguel Vergara. De este último, esposado con Cecilia, nacen Rafael, Leonardo y Obdulia.
Dorian Sarria Núñez, recuerda:
“La casa que se observa a continuación estaba ubicada en la finca que fue la herencia que le correspondió a la abuela Ernestina Vergara, que pasó a sus tres hijos Álvaro León, Enrique Edmundo y Alba Mary Sarria Vergara. Mi padre le compró a sus hermanos y ahora sus hijos la heredamos. Es parte de lo que fuera la hacienda Mondomo. En ella Residió Aniceto Sarria y Ernestina Vergara.”
Este hecho marca el inicio del centro poblado, hoy corregimiento de Santander de Quilichao, que hereda su nombre de la hacienda Mondomo. Mondomo significa “mi casa”, Mon viene del francés que significa “mi” y Domo de la lengua indígena que representa “casa” o “patio”, (Cinara, 2011). Esa misma referencia hace Don Jairo Sarria en los diálogos de memoria, comentando que la escuchó a sus veinte años a Isaías Collazos, sacerdote e historiador de una parroquia de Cali en 1968.
En la segunda mitad del Siglo XIX Mondomo seguía siendo una hacienda y sus linderos se extendían desde la cresta del cerro La Chapa (Oeste) hasta las faldas del costado sur del cerro Munchique (OE), así mismo extendidos por las riberas de las quebradas Tiembláculos (Norte) y el río Mondomo (SUR).
| Primera casa (1940) de la familia Vergara Fernández, ubicada donde hoy es la casa de la familia Sarria Núñez. (Sarria, 2024) |
| Primer Mapa Hacienda Mondomo, elaborado por Jackeline Cifuentes Vergara a partir de la Escritura de compraventa del 30 de agosto de 1836 en el marco del taller memorias de Poblamiento de Mondomo (mayo, 2024). |
| Mapa de la Hacienda Mondomo, elaborado por Jaime Alberto Sánchez a partir de la Escritura del 1 de enero de 1881 en el marco del taller memorias de Poblamiento de Mondomo (mayo, 2024). En este se expresan los linderos y el proceso de poblamiento que vivió dicho territorio. |
Hacia finales del SXIX y comienzos del SXX, (1900), Mondomo era una posada, lugar de paso y descanso de viajeros y comerciantes que a través de trochas y caminos de herradura cruzaban el territorio con destino a Cisneros, próximo a Buenaventura, y de allí desandando pasos regresaban a Popayán, cargando pertrechos, mercancías y alforjas repletas de productos que adquirían en los pueblos del camino o importados de otras naciones. Estos recorridos lo hacían arriando recuas de mula y haciendo estaciones para el descanso y el apeo de alimentos.
Teresa Hernández lo recuerda así:
“Los Vergara tenían recuas de mulas. Traían panelas aromatizadas con cera de laurel de alta calidad. Llevaban dulces de panelita de leche, también calabazos con guarapo de caña, rebajadas con hojas de guayabo y astillas de canela.
Recogían en las haciendas lo que estas producían. Fabricaban bocadillos con las guayabas que los niños recogían en las mangas y estos bocadillos se colgaban en las alforjas de los arrieros. A las mulas se le colocaban alpargatas para que no encallaran en el barro.
En la Hacienda El Recuerdo, Eliza y Ernestina dirigían la cocina. Hacían pandebonos cuaresmeros (pan seco) o pan cerrero (elaborado a base de manteca de cerdo y harina de maíz molido, que se consumía en la Semana Santa). En arrias de madera (valijas de cuero) que se le instalaban a la mula, llevaban el chocolate, el queso y el pan. Llegaban a posadas cargando la comida de ir y venir. La proteína era carne oreada o curada al sol, procedimiento que se hacía con sal marina y la ahumaban con hoja de guayabo”.
Había “una Vergara” que era experta en las artes del amasijo, (amasar la harina), y preparaba bizcochuelos y pandebono. Las mamás aprendieron de ella y esta mujer trasmitió estos saberes y sabores a muchas personas, permitiendo que aún hoy se conserven.
Con el paso del tiempo la Hacienda Mondomo creció en número de integrantes y se constituyeron nuevos núcleos familiares propiciando la conformación de pequeñas parcelas que le dieron al territorio la condición de centro poblado y con esto alcanzara la categoría de Vice-Parroquia, y finalmente como corregimiento del municipio de Santander de Quilichao. Esto se logró en 1903. La ubicación de Mondomo sobre el camino real le ha beneficiado principalmente para la interacción comercial.
De Casas Pajizas a Centro Poblado
El Centro Docente Rural Mixto fue la primera escuela que funcionó en una casa pajiza, y sus primeros maestros fueron Susana Villamil, Amelia Paredes, Jesús María Sarria y Ernestina Vergara, en 1907.
Amelia Paredes Suárez, Cauca, llegó a Mondomo el 20 de septiembre de 1908, quien se hizo cargo de la escuela, abrió matrículas e inició labores académicas a partir del 1 de octubre del mismo año. Amelia regentó la institución hasta julio de 1911, señala Teresa Hernández.
Con el apoyo de la comunidad un 25 de agosto de 1928 se da apertura de la primera Capilla de Mondomo y con ello se afianzan los rituales doctrinales de la fe católica. Uno de ellos bastante famoso era “el bautizo de la guagua” que se celebraba en una caseta pajiza cerca de la carretera nacional hacia 1959.
Un poco después (1962) la vieja casa que hacía las veces de Capilla sería reemplazada por la Iglesia de Mondomo, construida con fondos reunidos y mano de obra suministrada por la comunidad. En los pueblos era vital la construcción de iglesias, porque esto mejoraba el estatus del centro poblado y favorecía el trámite de partidas de bautismo, la celebración de matrimonios y la gestión de actas de defunción. La iglesia, por así decirlo, ejercía el papel de registradora del Estado Civil; luego, estos procesos el ciudadano los validaba ante la nación acudiendo a las notarías para dar fe de los hechos civiles.
La guerra de Colombia contra el Perú (1932) propició que el gobierno nacional impulsara la construcción de la carretera nacional, hoy conocida como la Panamericana, que también pasa por Mondomo. Esta carretera, construida a pico y pala, atrajo a foráneos, muchos de los cuales se amañaron y constituyeron familias. Una vía internacional no podía seguir siendo grava, y por eso décadas después, en 1963, se amplió y pavimentó, logrando de esta manera la conexión entre Alaska, en norte América, con Cabo de hornos en la Patagonia, Argentina.
Estos hechos, tanto la construcción y la pavimentación de la vía internacional a su paso por Mondomo, propició la llegada de muchas personas de diversas partes del país, y de manera especial a trabajadores del Departamento de Nariño, lo que presionó la demanda de vivienda, servicios, productos y espacios de integración social.
Es así como en 1950, se inauguró la Escuela José Eustasio Rivera que estrenó instalaciones dos años después. Luego, en 1960, la comunidad adquirió un predio y lo destinó para la primera cancha de fútbol y en 1961, construye el restaurante escolar con recursos del programa Alianza para el Progreso, política propiciada por el entonces presidente de los EEUU, John F. Kennedy. Este programa de ayuda económica y social para la región se propuso mejorar las condiciones sanitarias, ampliar el acceso a la educación y la vivienda, controlar la inflación e incrementar la productividad agrícola mediante la reforma agraria.
La década del 80 fue importante en la apertura de espacios educativos y culturales de Mondomo porque permitió la ampliación de cobertura educativa al inaugurarse el colegio José María Córdoba. Un poco después, en 1985, el gobierno municipal inauguró la Biblioteca Pública “Camilo Torres”, la cual entró a hacer parte de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas del Cauca, y posibilitó que la comunidad accediera al libro. Estuvieron a cargo de su apertura Milton Sarria y Marleny Agudelo. Al finalizar la década, en 1989, un grupo de artistas entusiastas crean el primer grupo de Teatro Experimental de Mondomo (TEM), en el que formaron varias generaciones en artes escénicas, brindando a la comunidad una oferta cultural de interés. En este mismo año, Luciano Echeverry, alcalde Municipal, construye el polideportivo, escenario deportivo multipropósito.
Con la entrada en vigor de nuevos lineamientos orgánicos del sistema educativo (2003) se fusionan varios centros educativos a la Institución Educativa José María Córdoba.
Con la venta de la antigua caseta al Instituto de Vías (Invias) se financia la construcción de la concha acústica (2003).
Playas, ferias y fiestas
Como consecuencia de un campamento instalado por la construcción de la carretera nacional, surge en 1934 el primer mercado en las playas arenosas del río Mondomo. Años después este mercado se traslada al actual parque principal, y las playas de Mondomo adquieren un atractivo turístico que convocó a cientos de bañistas de la ciudad de Cali y de la región durante décadas siguientes.
En la zona conocida como Aganche, lugar donde convergen los ríos Ovejas y Mondomo, bajo el techo de ramadas se propiciaba el encuentro social y cultural de las familias de Mondomo en 1940. Estas parrandas se convertían en verdaderos espacios para el deleite de bebidas, comidas y el goce de la música en vivo, entonada con instrumentos de cuerda y de vientos. Era el escenario propicio para la pesca y los juegos de verano. La pesca solía hacerse con “taco”, allí el Sr. Isaac, tío de Teresa Hernández perdió una mano. Era tan agradable el encuentro que aún se mantiene en el recuerdo de los habitantes.
De la Piedra al Rallo
Aniceto Sarria, un tipo con carácter y convicción crea la primera rallandería industrial de almidón agrio, materia prima extraída de la yuca algodona, con destino a las panificadoras de Cali y el sur occidente colombiano. Aniceto trae del Putumayo la semilla del tubérculo, originario del Brasil, y lo siembra en Mondomo. También, con el apoyo del soldador Porfirio Cifuentes, crea las primeras herramientas y recipientes necesarios para responder al proceso industrial. A este hombre se le reconoce la incursión en la siembra y el rallado de la yuca algodona en la escala industrial. El procesamiento de este tubérculo lo venían realizando las familias de forma casera para la producción de almojábanas, pandebono, pandeyuca y otros productos que lograban comercializar con sus vecinos y foráneos. Se cree que en Mondomo surgió el pandebono, con el mejor sabor de la región.
Mondomo llegó a tener 55 empresas/ rallanderías en su mejor momento. Luego, con el cambio de las condiciones del mercado, el fallecimiento de los propietarios, la falta de sucesores y las extorsiones de grupos armados al margen de la ley que expulsaron a muchos rallanderos, estas disminuyeron a 32 unidades de negocio. En 2005, el sector crea la Asociación de Almidoneros del Cauca (Arcauca) para hacer frente a diversas problemáticas, incluidas las requeridas por la CRC.
El agua de vida
De 1903 a 1945 la comunidad llevaba a sus casas el agua desde acuíferos locales en carretillas o a caballo. La actividad la realizaban mujeres y niños y demandaba mucho tiempo.
Esta práctica favorecía el encuentro social, el intercambio de noticias y hechos de interés, pues las personas solían conocerse en estos espacios y establecer relaciones románticas, de amistad o de trabajo.
Entre 1945 y 1948 se construyó el primer acueducto que bombeaba el agua a un tanque en la vereda Santa Bárbara. La comunidad recibía agua por dos o tres horas diarias y la Junta Comunitaria estaba a cargo de su manejo. En 1968 se construyó un acueducto que funcionaba por gravedad tomando el agua de la cuenca San Pablo. Este sistema estaba conformado por una bocatoma, un desarenador, dos tanques de almacenamiento y el sistema de distribución.
La Corporación Autónoma Regional del Cauca - CRC en 2017 dona al acueducto la construcción de un pozo profundo en la actual planta de tratamiento con el propósito de aumentar las reservas de agua y garantizar el abastecimiento de la población.
Bando, bando, bando.
La autoridad de Mondomo estaba concentrada en las manos del Inspector de Policía, quien representaba al alcalde de Santander de Quilichao.
El inspector era el encargado de dar lectura a los edictos o “bando” al ritmo de tambor. En éstos se informaban los contenidos de disposiciones y normas establecidas por el alcalde para conservar el orden. Los chicos solían emular el procedimiento con humor y sátira. (Jairo Sarria, 2024)
Otra forma en que la comunidad era convocada a “mingas” e informada de actividades de interés era a través de la “voz de la guadua”, una corneta instalada estratégicamente al alcance de los oídos de los mondomeños.
La comunidad recuerda con picardía, cómo al finalizar cada año, se solía leer un “testamento” en el año viejo, con carácter jocoso. Allí se sacaban “los cueros al sol”, con toda serie de intimidades de conocidos expuestas en público.
Violencia y tensiones sociales
Los estragos del bogotazo sembraron la intranquilidad en lugares distantes al centro de poder y Mondomo no fue la excepción.
En 1958 en lo que se conoció como la Toma del Turco, ocho (8) personas de filiación política conservadora fueron asesinadas por la chusma liberal. Este hecho generó y profundizó heridas entre viejos conocidos.
En la década de los 80`s grupos de personas provenientes de Antioquia aparecieron en el río Mondomo con dragas y maquinaria con el propósito de extraer oro; esto generó tensiones y fricciones con la comunidad.
Años después (1996), el 30 de agosto, un grupo guerrillero se toma el corregimiento de Mondomo, que frecuentemente había padecido escaramuzas por parte de este grupo, atemorizando a la población y propiciando la reubicación final (1998) del Centro Docente Santa Teresita, que se ubicaba contiguo a la estación de Policía.
En marzo 08 de 2001 Guerrilleros de las FARC-EP, bloquearon la vía en la inspección de policía de Mondomo, donde pintaron consignas en algunos vehículos y hurtaron otros, uno de ellos con 40 cilindros de gas (CINEP, 2012).
En el año 2001 varios hechos de violencia política fueron perpetrados por los paramilitares en distintos lugares de Mondomo cobrando la vida de muchos lugareños.
A causa de los incumplimientos del gobierno nacional, pactados desde 1991 como reparación por los efectos de la masacre del Nilo y validados por los fallos condenatorios de la CIDH las comunidades indígenas Nasa en 2013 decidieron cerrar la vía Panamericana por 45 días.
Este hecho paralizó el sur occidente colombiano generando una crisis económica y social al desabastecerse el comercio y aumentando los precios de la canasta familiar. También, muchos extranjeros quedaron varados en la vía, a los que la comunidad de Mondomo respondió brindando refugio y alimento.
En 2020, nuevamente la misma comunidad indígena cerro la vía trasnacional por 30 días. En esta ocasión, nuevamente las reivindicaciones versaron sobre los mismos contenidos, y se sumó una nueva proclama: el cese de violencia contra sus líderes sociales asesinados de manera sistemática a razón de la oposición a la minería ilegal y el cultivo de la coca, la marihuana y la amapola, con fines ilícitos, en su territorio ancestral.
De la vela a la electricidad
Aprovechando el generoso caudal del río Mondomo y su caída de agua, entre 1958 y 1960, entra en operación la hidroeléctrica de Mondomo, hecho que le proporciona energía eléctrica al poblado por primera vez. Antes de esto, las familias iluminaban sus noches con velas de cebo o de cera, lámparas de petróleo y de mecha, algunas de fabricación casera. Las noches de luna llena favorecía a los viajeros y los arrieros en su tránsito por los caminos de herradura.
Terremoto de 1994
El 6 de junio de 1994 un sismo de 6.4 en la escala de magnitud Richter1 (M) afectó considerablemente el suroccidente colombiano, de manera especial a la cuenca del río Páez y el corregimiento de Mondomo de Santander de Quilichao. Según la comunidad, en este último lugar, el sismo hirió a 2 personas e hizo que las personas acudieran al parque como refugio. En cuestión de daños materiales, destruyó 43 casas en el barrio Belén. La iglesia y 112 casas se agrietaron y 133 casas presentaron daños leves.
La vulnerabilidad del barrio Belén, según la comunidad, es porque fue construido sobre la falla geológica El Romeral, como lo asegura Dorian Sarria Núñez. Pero también es cierto, como lo afirma Carlos Muñoz, que el barrio está asentado sobre la cresta del filo de una montaña. Cabe decir que, para la época de la tragedia, las casas estaban construidas en madera, bareque y sin cimientos.
Posterior a la tragedia las autoridades declararon a Mondomo en estado de emergencia sanitaria y este hecho despertó la solidaridad nacional.
En una asamblea comunitaria, la comunidad priorizó la reconstrucción del acueducto, el cual resultó fracturado y dejó sin el suministro de agua a la población. Al año siguiente (1995) se inició la reconstrucción de casas destruidas en el barrio Belén y del Parque principal, con materiales aportados por el SENA y la Corporación Antioquia Presente, siendo su presidente y gobernador de Antioquia el señor Alvaro Uribe Velez, quien además visito el corregimiento en la ceremonía de inaguración de las viviendas. Esta entidad (1996) también donó el primer equipo de odontología.
Mondomo, un poblado de 5000 habitantes, está atravesado por historias que hablan del trabajo y la pujanza de su gente. No solo es un territorio de historias que hablan de tragedias naturales o de los embates del conflicto, sino también de los valores de su gente, que se destacan en narrativas inspiradoras, que hablan de progreso y riqueza.
Este poblado que ha sido resiliente al ser haber sido reconstruido un par de veces, fue bastión de la economía cafetera en la región en la primera parte del siglo pasado. En la década de los 40, esa historia empezó a cambiar cuando Aniceto Sarria apareció con una semilla que transformó la dinámica económica de Mondomo. El café fue remplazado de manera determinante por la “yuca algodona”.
Aniceto Sarria había emigrado de su natal Monterilla, una vereda cercana, con destino a Mondomo, a buscar un mejor porvenir. Se enroló en la escuela, donde conoció a Ernestina Vergara, quien sería su esposa y madre de sus tres hijos. Ella era profesora en El Centro Docente Rural Mixto, la primera escuela que tuvo Mondomo. “Él era Un hombre pobre llegó a Mondomo, a estudiar y a trabajar como peón en una de las tierras de los Vergara”, recuerdan.
El recio carácter, su disciplina y amor al trabajo le granjearon un lugar en la historia de Mondomo. Aprendió el oficio del trabajo de la tierra y con su olfato de hombre aventurero, en uno de sus viajes descubrió que extraer el almidón agrio de la yuca con destino a la fabricación de pandebono, pan de yuca y otros derivados, podría ser un gran negocio. Cuenta Don Jairo Sarria que “Era literalmente una máquina trabajando” y su hija Mery de 90 años, agrega: “No podía quedarse quieto”.
Don Aniceto fue el primero en incursionar en la producción de almidón agrio en escala industrial para atender la demanda de las panificadoras de Cali.
En las cocinas de Mondomo, las amas de casa desollaban la yuca a mano y la reventaban con un mazo de piedra; así extraían el almidón para hacer el pandebono casero, el pan de maíz, el pan de yuca, el pan cuaresmero y la achira, conocida también como sagú. Las mujeres desarrollaron una fórmula exquisita en la preparación del pandebono, que muchos creen que originariamente se hicieron en Mondomo.
Cuentan de oídas que Aniceto veía oportunidades de negocio en todo lado, que en su casa apartó un lugar para una “curtiembre”, organizó “tanijos” para extender “pieles de res o cueros” y luego las comercializaba en Cali. También recuerdan que fue el primero en poseer y llevar un auto a Mondomo.
Al regreso de uno de sus viajes al sur del país, Aniceto trajo consigo la semilla de yuca algodona, favorable para la extracción de almidón, y la sembró en los predios de su hacienda Tucurinca. La fertilidad de la tierra favorecería la cosecha. El tubérculo, de origen brasileño, era una planta endémica del Amazonas, a la que se le conocía como Casabe, y de ella se fabricaba la fariña.
La yuca propicia para extraer el almidón es de variedad algodona. Cultivada en zona fría es de mejor calidad, debido a que tiene más almidón y es más cuajada, mientras la de clima cálido es “aguadosa” señala don Carlos Muñoz, agricultor y líder comunitario, quien en San Isidro tuvo su rallandería por 8 años y sacaba un almidón limpio y de alta calidad, de forma manual.
Don Aniceto también traería consigo unos bocetos de la maquinaria que necesitaría para el procesamiento de la yuca algodona. Con el apoyo de un metalistero y un soldador logró construir un rallo industrial y una coladora. El primero para reventar la yuca, hacerla jugo, y el segundo para filtrarla e ir separando el ripio del almidón y la mancha. El jugo va a unos tanques por varios días donde se fermenta hasta alcanzar la maduración perfecta para continuar con el proceso de colado, secado y extracción del almidón agrio. Es importante señalar que hay diferentes tipos de almidón: el agrio y el dulce. El primero es útil para los usos en panadería y el segundo, para diversos usos como procesar pegantes, pinturas, almidonar camisas y como insumo en la industria farmacéutica.
Las oleadas
Los rallanderos manifiestan que la producción industrial del almidón en Mondomo ha vivido cuatro oleadas:
La primera oleada fue inaugurada por Aniceto y su hermano Víctor Sarria secundados por Victoriano Medina en la década de los 40s. Aniceto trajo diversos tipos de yuca y la variedad algodona fue la propicia para la extracción del almidón agrio. El observó que esta práctica también se hacía en los lugares que visitó y que podía ser una fuente de trabajo en Mondomo. Aniceto no solo trajo el tubérculo, también copió unos bocetos de las máquinas que usaban para su procesamiento y se las presentó al único soldador del pueblo, Porfirio Cifuentes. Entonces, construyó el rallo y el colador. Jorge Irne, aprendiz, siguió el ejemplo relevando con el tiempo a Cifuentes en la fabricación de maquinaria.
El rallo se conviertió en una herramienta fundamental porque facilitó el procesamiento de la yuca a escala industrial, dejando atrás el proceso manual y dando un salto de la micro a la alta producción. La yuca dejó de romperse con mazo de piedra y entonces se licuaría en el rallo. El proceso de secado se magnificó realizándose mediante el uso de tendales en paceras, con soporte en guadua y base en tabla.
Ante la ausencia de máquina peladora, el proceso de desollamiento de la yuca se hacía manual y para ello se contrataron mujeres que llegaron con la inmigración para la construcción de la carretera nacional en los años 30 del siglo XX; las más conocidas eran “las pastusas del chontaduro”.
La primera rallandería estuvo ubicada en la actual casa de los Sarria Núñez, precisamente en lo que se conoció como “Chorros de la peña”.
Las oleadas se fueron determinando por la tecnificación del proceso, por el relevo generacional y por el ingreso de nuevas personas y familias al negocio.
De parte de Aniceto Sarria se desprendió una “cochada” de Sarrias y Ledezmas, que han continuado el legado de mantener vivo el negocio de las rallanderías. Hubert Vergara es el último bastión de Aniceto.
En la segunda oleada, en la década de los sesentas, los protagonistas fueron Los Lozada y los Jiménez que llegaron de Palmira; Los Otero del Tablón, llegados de Nariño; Don Luis Scarpeta, que se instaló en la Agustina, vereda de Mondomo. A este grupo se sumaron el Mono Mario, Don Portilla y Campo Elías Belalcázar, quien trabajó con Aniceto Sarria. De Campo Elías, perdura la rallandería en cabeza de Alejandro Medina, una nueva generación de herederos.
Una de las bondades que se identifican en Mondomo y que favorece el negocio es la calidad del agua y su temperatura. Una de las propiedades de este líquido vital para el procesamiento del almidón es la carencia de metales pesados, lo que le suma beneficios a la generación de la bacteria que produce la fermentación. La calidad de la tierra propicia que se destinen grandes extensiones para el cultivo de la yuca “algodona” aunque también el abuso genera erosión del suelo. Carlos Muñoz recomienda por esto “tres cosechas y luego dejar descansar la tierra y evitar las quemas”.
Wilfer Jiménez, el soldador y metalistero de la segunda oleada, mejoró la coladora y el rallo, contribuyendo a la eficiencia y el aumento de la producción del almidón “extra”, calificación otorgada al almidón de alta calidad. La coladora es un talego que se usa para filtrar, separar el almidón del afrecho y de la mancha. En la actualidad se usan percoladoras. También están las “eldas”, un techo sobre rieles (carro) que se empuja y tapa el almidón en el proceso de secado.
En la tercera oleada, hacia la década de los 80s, Neiza Paz fue elegida como reina de la primera feria o fiestas del almidón. En cuanto a la tecnificación del proceso, ya se optimiza la utilización del rallo, la coladora se transforma en percoladora y aparecen los canales. Don Hernán Castro es quien mejora la percoladora en la función de separar el “afrecho”, el “almidón” y la “mancha”.
Una vez que el almidón se encuentra en secado, se tapa con plásticos para aumentar la evaporación de la humedad y protegerlo de lluvias fortuitas.
Quienes participan de esta narrativa traen a la memoria la historia de Éibar Velasco, alias “carisucio”, un embolador de zapatos que a punta de trabajo se hizo rallandero y comercializador. Gracias a esto, hoy en día tiene una rallandería llamada Los Canelos y en Bogotá una distribuidora de alcance nacional de la marca UNO A (1A). Uno de sus productos bandera es el aceite de la misma marca.
En la cuarta y última oleada, aparece Javier Sánchez con una rallandería tecnificada, con las condiciones necesarias para asumir los compromisos que exige el mercado actual. El rallo, los percoladores y los canales son de mejor tamaño y capacidad para procesar mayores cantidades de yuca. Estos instrumentos permiten que el proceso de extracción del almidón sea industrial, y se puedan procesar 5000 kilos en una hora.
El negocio de las rallanderías en Mondomo no ha sido un asunto de mieles y rosas. Las rallanderías han sido cuestionadas por el vertimiento de contaminantes a las fuentes hídricas del territorio. Según afirman, en el proceso de pelado de la yuca, sus membranas emiten cianuro, sustancia venenosa que usa la planta como mecanismo de defensa de roedores y alimañas.
Ante este hecho y los requerimientos de la autoridad ambiental, los propietarios se agremiaron en la Asociación de Rallanderías del Cauca, Arcauca, para hacer frente a este desafío y tomar medidas que minimicen el impacto en las fuentes de agua.
Un almidón y una receta que cruza fronteras
El almidón es un ingrediente esencial en la preparación del pandebono. “Mamá Bonifacia Hernández, hacía pandebono”, recuerda Teresa Hernández. Una de las fórmulas la ha trabajado Mery Sarria, hija de Aniceto, que a sus 90 años aún prepara el pandebono para consumo de la casa. Dice que la clave está en usar “un poco más de queso que de almidón y para que no quede “bojoso” y se le coloca harina de arroz. El maíz se pone a remojar durante 4 o 5 días y luego se quiebra con mazo de piedra o molino, se deja en agua, se saca la harina y se escurre. La harina es el alma del pandebono. Para manejar las proporciones de los ingredientes usa la taza o escudilla”.
El almidón de Mondomo llegó a Cali para darle sabor al pandebono. Las panificadoras de la ciudad son las principales clientes del almidón, pues saben que un buen almidón garantiza un buen pandebono. Desde el comienzo del negocio el producto ha sido ofrecido sobre muestras “moje” ante los compradores. Algunos clientes prefieren negociar el precio del almidón en el sitio de producción, que adquirirlo en una comercializadora de Cali.
El negocio del almidón extra / agrio ha sobrevivido en Mondomo porque ha pasado de generación en generación, haciendo frente a muchos desafíos, por más de 80 años. El almidón de yuca como actor vital en la economía de Mondomo, está marcado como una impronta en el corazón y la piel de su gente. Las rallanderías están conectadas con el espíritu trabajador y solidario que caracteriza a la gente de Mondomo.
Un terremoto que transformó a Mondomo
El día 8 de junio de 1994, así tituló y destacó el Diario El Tiempo, el terremoto que nunca olvidarían en Mondomo: DESTRUIDA LA MITAD DE MONDOMO. “Por lo menos 450 personas damnificadas, entre ellas seis heridas, sesenta casas destruidas y otras 55 averiadas, dejó el temblor del lunes pasado en el corregimiento de Mondomo y sus veredas El Tablón y San Isidro. Mondomo, en jurisdicción de Santander de Quilichao, está situado 65 kilómetros al sur de Popayán y a 14 de la cabecera municipal, sobre la carretera Panamericana” Según un estudio contratado por Harold Banguero, el alcalde de la época, y socializado por Teresa Hernández, habitante nativa de Mondomo, la magnitud del sismo fue de 6.4 en la escala de Richter, con 10 km de profundidad, múltiples deslizamientos, vías y puentes afectados, 28 casas destruidas en el barrio Belén, 48 casas con daños variables y otras 18 casas deterioradas en el resto del pueblo. Se presentaron daños en el colegio José María Córdoba y se contaron 450 personas damnificadas en el centro urbano del corregimiento.
El 6 de junio de 1994, Carlos Muñoz se encontraba en su finca de San Isidro, una vereda de Mondomo. Era una tarde apacible y soleada. Carlos estaba en sus labores de rutina, cuando se vio sorprendido por un movimiento telúrico que lo desorientó y le hizo pensar en lo peor, debido a que sus hijos se encontraban en su otra casa ubicada en el barrio Belén.
Rápidamente bajó de la montaña y se trasladó a la casa de sus hijos. Recordó que al barrio Belén había llegado cuatro años atrás, después de comprar un lote y levantar un rancho con el dinero de un predio que vendió. Se instaló con Doris, su esposa, y sus tres hijos. Estaba cansado del oficio de agricultor, por lo que decidió vender todo y empezar una nueva vida.
Belén era un barrio con un camino en herradura, tenía dos ranchos en ladrillo y cuarenta casas construidas con madera, guadua y teja de cartón. No tenía cimientos. Antes, se llamaba Nariño, porque su gente provenía del sur del país. El caserío había sido construido sobre la cresta de una montaña que se deslizaba desde el centro de Mondomo hasta el fondo de la loma. Expertos creen que ese filo está atravesado por la famosa falla El Romeral que se extiende a lo largo de la cordillera Central desde el sur hasta el centro del país.
Ese día, al llegar al lugar, Don Carlos encontró destruidas su casa y las de sus vecinos. Todo estaba en el suelo. Solo dos ranchos en ladrillo se mantenían en pie con algunas fisuras. Afortunadamente no hubo muertos, solo dos heridos y pérdidas materiales. Una vecina con una pierna lisiada fue la de mayor gravedad. “Menos mal todo fue de día, qué tal que nos hubiese cogido durmiendo. La tragedia hubiese sido descomunal”.
Ante el panorama desolador surgieron preguntas al interior de la comunidad. ¿Qué vamos a hacer?, ¿Dónde vamos a vivir?, recuerda Carlos Muñoz, quien para la época ejercía la presidencia de la Junta de Acción Comunal del barrio Belén.
¿Y ahora qué? ¿Cómo resolvemos? ¿Y con quién? Fueron las preguntas que se hicieron de ahí en adelante. Vivieron dos años en cambuches plásticos que el Ejército Nacional proveyó. Ante la situación, la comunidad se unió y con el apoyo de la Corporación Antioquia Presente, se organizaron siete equipos de trabajo de cuatro personas cada uno, constituidos por hombres y mujeres. Carlos Muñoz realizaba la interlocución entre la Corporación y la comunidad. Ofició también como articulador y coordinador de los siete frentes de trabajo.
La Corporación se comprometió a entregar material para construir casas a cambio de que cada persona, de cada familia, donara 850 horas. Entonces, estos equipos guiados por ingenieros y técnicos reconstruyeron el barrio en dos años. Cada equipo tenía unas tareas asignadas, como construir los cimientos, levantar paredes, levantar conexiones eléctricas, reparar el acueducto y el alcantarillado, levantar la estructura del techo y colocar la teja de Eternit.
En un comienzo se pensó en la reubicación del barrio, pero los moradores se opusieron y se empezó la reconstrucción allí mismo.
La Corporación proveía los ingredientes y las mujeres preparaban el almuerzo. Se concedía el almuerzo a cambio de 200 pesos, dinero que se destinaba a un fondo que luego se lo entregaron a la comunidad para que lo hiciera crecer y lo destinara a atender futuras emergencias comunitarias.
Mientras Carlos Muñoz trabajaba en la reconstrucción del barrio, su esposa Doris se encargaba de mantener la casa - cambuche. “Ella horneaba pan, bizcochuelos, galletas y procesaba el maní, y con ello obtenía ingresos para nuestro sostenimiento. Ella es bastante trabajadora y ha sido mi mejor aliada”, recuerda.
“En el segundo año, después de la tragedia pudimos habitar nuestra nueva casa, a la que le hemos ido haciendo remodelaciones y mejoras”, señala el líder comunitario. Hay casas que permanecen impávidas, sin ninguna mejora, desde hace 30 años. Con la tragedia la comunidad se mantuvo unida durante bastante tiempo.
Con el pasar de los años, unos vecinos vendieron y otros se fueron. Los que han llegado han ido mejorando sus viviendas. “Hoy hay nuevas necesidades que se han ido solucionando; por ejemplo el cambio del alcantarillado que detuvo el deterioro subterráneo que estaba sufriendo la montaña por las filtraciones de agua. Eso pudimos resolverlo y ahora tenemos una zona segura. También logramos la pavimentación de la única vía del barrio. Ahora estamos luchando para mejorar la iluminación de nuestras calles”.
Carlos tiene ahora 74 años y algunas limitaciones para el trabajo de la tierra. En la falda de la montaña que corresponde a su predio tiene 500 matas de café y cultivos de pan coger. Está agradecido con la vida que ha vivido, con su esposa y con lo que tiene. Le dice a las nuevas generaciones que se capaciten, para que puedan mejorar sus condiciones y las de su entorno y de esta manera ayudar al medio ambiente y prolongar su sostenibilidad.
Otros barrios y otros estragos
El Barrio Belén no fue el único afectado, también lo fue el barrio Los Pinos. La iglesia, el acueducto y un centenar de casas presentaron averías de consideración, aunque algunas casas de reciente construcción se mantuvieron incólumes.
El acueducto de Mondomo presentó roturas considerables que hicieron que colapsara y se cortara de inmediato el flujo de agua a los usuarios. Su infraestructura era vieja y deficiente.
“El terremoto del 1994 nos afectó considerablemente, pero también nos permitió mejorar en muchos aspectos, uno de ellos en el acueducto. En una asamblea comunitaria nos preguntaron sobre ¿qué obra priorizaríamos para que fuera reconstruida? Nosotros votamos por la reconstrucción de un nuevo acueducto. Hoy tenemos un acueducto de renombre internacional con una gestión del agua ejemplar”.
“En el campo a muchos campesinos se les cayó la casa, y no avisaron, porque les daba pena. Otros avivatos se declararon como víctimas para recibir beneficios. En algunos lugares, ubicados sobre las venas de la falla El Romeral, se observaron fisuras en la tierra”, recuerda Teresa Hernández.
Por su parte, Ricardo Sandoval rememora que “las personas armaron cambuches a las afueras de las casas. Era chévere, porque uno iba pasando por allí y le ofrecían café. La gente dormía en la calle porque sentía miedo de las réplicas de temblor en horas de la noche y otros porque sus casas estaban destruidas”.
El proceso de recuperación de la infraestructura de Mondomo tardó más o menos dos años. En ese periodo se reconstruyó el barrio Belén, el acueducto, la iglesia, el colegio, las vías y los puentes. La solidaridad se hizo presente a través de muchas entidades que cerraron filas en favor de la gente de Mondomo. La comunidad caleña fue una de ellas, pues Mondomo era conocido y visitado por las playas del río y su almidón de yuca.
Una emisora conocida también lideró campañas de recolección de objetos y llegaron camiones y volquetadas de ayudas que se repartían entre los afectados y no afectados en el casco urbano y sus veredas. El centro de acopio fue la Defensa Civil y la ayuda del Ejército Nacional fue vital.
A raíz de esa solidaridad, los Mondomeños, que solían ser desconfiados, lograron “abrirse culturalmente” a otras gentes y procesos. Reconocen que el terremoto propició ese cambio cultural.
La comunidad de Mondomo ha sido valiente. Se ha sobrepuesto a incursiones guerrilleras y paramilitares, a los embates del movimiento social indígena, al terremoto de 1994 y a muchos otros desafíos. Pero ha sabido ser un pueblo resiliente amparado en su carácter comunitario, cívico, solidario y laborioso.
“Hoy en día se reconoce el pueblo por su solidaridad, colaboración y trabajo comunitario. Busca superar sus necesidades apremiantes actuales que lo aquejan como las fuentes de empleo, la ampliación de cupos escolares, la mejora y ampliación de la infraestructura educativa, la implementación de un plan maestro de alcantarillado, la ampliación de la oferta de oportunidades para los jóvenes, que tienen en sus manos el presente y el futuro de la comunidad”, concluyen los participantes.


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