Memoria de la vereda Mandivá

Historias de  Mandivá
Luis Gabriel Henao

Primera escuela de la vereda Mandiva, fundada en 1950


La vereda Mandivá, ubicada al sur de la cabecera municipal de Santander de Quilichao, entre la vía Panamericana y el río homónimo, a 1100 m.s.n.m, es un bastión de población  campesina, que se ha forjado por la labor incansable de su comunidad. Hoy, gran parte de su población se enfrenta al desplazamiento producto de un mega proyecto vial, una vía de cuarta generación entre el Municipio y Popayán, la capital del departamento,  que atravesará el terreno de casi la mitad de la  vereda. Este relato de memoria  intenta honrar la historia de una comunidad, que vive la incertidumbre de su futuro. 

Nuestros ancestros llegaron por el Camino Real, que pasaba por el río Abejonales; venía  de arriba de donde Polonia, pasaba por donde Sofía, por ahí bajaba, y pasaba al otro lado por donde estaba Isidora. Por ese camino venía gente de Popayán que buscaba la salida al mar en Buenaventura, con varios caballos que iban cambiando en el recorrido. Los viajeros eran detenidos por la creciente del río Mandivá, y se establecían, mientras tanto, en un claro a la orilla. Luego seguían hasta salir por donde don Roberto Larrahondo, y de ahí hasta llegar a la posta de Santander en Betania o a donde  Penagos, que tenía una posta grandísima. En ese tiempo no era común que la gente se movilizara en carros o motos. Sí llegó a hacer ruta una chiva (bus escalera), pero debían atarla a caballos para que pudiera pasar por el camino. Por eso la gente de arriba de la montaña venía en caballo, siempre con los mejores que tuvieran, y andaban con las mejores ropas, sombreros grandes y bufandas. Era una alegría ver llegar a la gente por estos lados, por eso no se regateaba el precio de la tierra si se interesaban en quedarse; igual  se vendían baratos los lotes o se daban a préstamo por trabajo de labranza. A esta vereda la llamamos Mandivá, porque de las orillas del río sacaban un  bejuco que se llamaba así y ya casi no se ve, para amarrar la caña brava con la que se armaron las primeras casas: la de Bernardo Tróchez, la de doña Felipa, la de Esteban, la de Evaristo Sarria, la de Margarita Ulchur, la de Calixto y Gratiliano Zapata, la de Absalón Plaza, la de Juan Rodríguez, la de Mateo Balcázar, la de la familia López. Se establecieron cerca de Hacienda Vieja, propiedad de la familia ganadera de los Campos. Era  la década de 1920. 

Sabemos que la historia oficial no corresponde en muchos casos con la historia que conocemos. Los nativos de esta vereda comentan que la primera destilería del Cauca nació en Mandivá; “ Fue acá, en Hacienda Vieja, donde de un alambique que instalaron, se hizo el primer trago de la región, el aguardiente, que le llamaban “chispazo” porque lo vendia María “Chispas” Cuentan  nuestros abuelos  que  vendían “el chispazo” a los viajeros que pasaban por el Camino Real, y que se destilaba en la vereda. Luego sí dejaron la instalación allí, que está el indicio, y trasladaron la producción a Caloto para luego dejarla, finalmente, en Popayán. 

Nuestra historia, la que se lleva en los registros del departamento y nos designa como una vereda con sus libros al día y su personería jurídica , comienza  el 6 de enero del año 1955. Nuestra comunidad llevaba décadas existiendo, pero las necesidades sin atender de la población eran bastantes, así que fue necesario que las grandes familias de la localidad, los Tróchez, los Zapata, los Uchur, los Arrechea, los Delgado y los Plaza, se organizaran en una junta de acción para llevar a cabo la primera y más urgente gestión: la construcción de una escuela para la vereda. Ya eran otros tiempos: la  vía nacional, que se conoce como la Panamericana,  se había alzado con pico y piedra bordeando nuestras casas,  y familias de otras comunidades migraban a Mandivá atraídos por nuestra incipiente prosperidad y organización comunal. Nos faltaban desafíos por llegar, como el desbordamiento del río Mandivá en el 50 que se llevó la mayor parte de la cosecha de café por recoger  y que arrastró los materiales que se habían gestionado para nuestra primera escuela. A pesar de todo, nuestra labor no se detuvo. 

A finales de los 40, la falta de una escuela hacía que las muchachas y muchachos tuvieran que hacer grandes recorridos, hasta la cabecera de Santander, para poder estudiar. También iban a la escuela de Domingo Lasso y en muchos casos, la mejor opción era que se quedaran toda la semana  hospedados cerca a sus escuelas para luego volver con su familia. Ante esto, con nuestra comunidad y la de la vereda vecina  Quinamayó, se convino el arreglo para la construcción de una escuela en un lote de  la familia  del maestro Heliodoro Mina, una escuela privada donde algunos iban a estudiar.  Más tarde, y también por gestión comunitaria con veredas vecinas, se gestionó la construcción de una escuela en Mandivá, en los terrenos de la familia de don Edwin Zapata,  pero entonces el desbordamiento del río  echó los planes a perder. Al ver esto, un líder,  don Gratiliano Zapata,  hombre muy colaborador y con los mayores recursos de la vereda, donó un lote para se construyera allí un salón para la escuela. Para llevar a cabo esto, se formaron los “comités de amistad”, que comisionaron cada una de las veredas que participaron en el proyecto. Sin embargo, hacía falta los recursos para la construcción. Los comités de amistad gestionaron diversas actividades para recolectar los recursos necesarios. Entre esas actividades recordamos que se jugaban las “jaulas”, la vara de premios, el descabezamiento de pollos, esconder cosas en tinajas de barro, entre otras. En los festivales la gente se emborrachaba con guarapo. Con los recursos gestionados, Gratiliano Zapata, José López Caicedo, Mateo Alcázar, miembros del comité de amistad de Mandivá, lideraron la construcción de la escuela, de lo que resultó una ramada inmensa,  dos salones con piso y paredes de barro. Los líderes también se encargaron de ir de casa en casa para hacer que los jóvenes fueran a la escuela. 

“Gestionamos un crédito a través de la Federación Nacional de Cafeteros que nos permitió construir una escuela con todas las de la ley, con el liderazgo de nuestra primera docente, la señora Blanca Marina Vergara de Vivas. Desafortunadamente, en los años 70, la escuela tuvo que cerrar debido a una falla geológica en el terreno. Después de mucha lucha , logramos que desde el gobierno departamental se encargara la construcción de la  escuela con la que contamos hoy día”, recuerda  Don Arquimédez Álvarez, uno de los muchachos que ayudó a construir la primera escuela, y más tarde, luego de prestar su servicio militar obligatorio, regresó al territorio para ser uno de nuestros líderes. 

Don Arquimedes Estuvo presente en la disputa política por lograr que la gobernación nos diera un centro educativo con todas sus dotaciones, así como en la gestión de nuestro primer cementerio. Cuando alguien fallecía en Mandivá, tocaba  irlo a enterrar en Mondomo, hasta que doña Felipa Delgado donó el lote para el primer camposanto, en la década de 1960.  A continuación, se apersonó del proyecto para que Mandivá pudiera tener su propia cancha, pero no fue sino hasta la alcaldía de Luciano Echeverry  que se comenzó a realizar el sueño de muchos niños y jóvenes de la vereda. Más tarde, lideró también la gestión de una cabina telefónica, con lo que se logró solucionar el problema de la incomunicación que sufríamos. Todo esto solo era la preparación para dos retos inmensos para solucionar  las necesidades de nuestra comunidad:  el servicio de agua potable y de energía eléctrica. 

En el año 1984, Don Arquimedes asume la presidencia de la Junta, recibiéndole al señor Pedro Plaza, quien se había planteado el proyecto de la construcción de un acueducto sobre la Quebrada La Chivera. Había muchas dudas sobre la viabilidad del proyecto: en primer lugar, el caudal y la fauna del río era destacable; segundo, no se habían formulado ni siquiera estudios de suelo; y tercero, se contaba con el aporte de  los socios: 50 centavos en cada reunión para recaudar los fondos, pero el  proyecto  en realidad costaría millones de pesos.  Don Arquimedes asumió el desafío y aprovechó sus contactos con la Corporación Autónoma Regional del Valle  (CVC) para lograr los recursos del proyecto. con lo cual pudo obtener que gestionaran los estudios de suelo y el valor estimado del proyecto: $38,000,000, cifra que jamás se hubiera podido reunir de a 50 centavos.

Así que se buscó al dirigente político Juan José Chaux Mosquera, que iniciaba campaña política quien prometió ayudas para el acueducto si contaba con el apoyo electoral de la comunidad de Mandivá. El líder político logró su escaño y apoyó la construcción del acueducto. La comunidad lo recuerda con afecto. Falleció durante la epidemia de Covid.

Con el proyecto de la energía eléctrica para la vereda, la situación no fue menos complicada. La gestión de Don Arquimedes tardó más de siete años, pero sabemos que no fue su responsabilidad, sino la inestable burocracia política del municipio y el departamento que continuamente demandó la generación de nuevos proyectos de los que no se concretó ninguno. Solo hasta los años noventa,  y  directamente por el gobierno nacional, se iniciaron los estudios de ingeniería en los que cada familia debió invertir $5,000, pero de los que no tardamos en ver los frutos, cuando vimos sus  maquinarias levantando postes en las montañas,  hasta que por fin brilló la luz. 

Este recinto que nos reúne, nuestra sede   de la  Junta, es también parte de nuestra historia. Antes, cuando todo comenzó, es decir, cuando decidimos comenzar nuestra huella en el registro oficial, nos reuníamos bajo un toldo en un lote donado por nuestro líder , Gratiliano, el mismo que sería nuestra primera escuela y también sede de nuestra junta. Este lote del recinto que hoy nos reúne,  lo vendió a precio irrisorio el Señor Enrique Zapata. Lo construimos juntos, lo forjamos juntos. Nuestros libros de socios están al día, nuestros protocolos son claros, somos una vereda que ha recibido reconocimientos por su organización, por su gestión. 

Nuestro futuro es incierto por la construcción de la doble calzada en la vía Panamericana. Un gran proyecto nacional que está partiendo en  dos nuestra historia, pues muchos tendrán que irse, la mayoría.  Algunos esperan que el gobierno compre sus propiedades a un precio más que justo, otros, en cambio, quisieran que sus líderes tuvieran el poder de cambiar el destino de la historia que nos espera. Ahora, en este momento, consignamos nuestra memoria con la fe  de que no se olvide lo que nos ha costado,  de que sepan de los frutos de nuestra solidaridad y trabajo comunitario.

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