Memorias de las veredas Santa Rosa y La Palomera

Llegamos aquí  destapando monte
Lina Fernanda Alegría Villamil


Casa de la familia Penagos, Cofundadora de las veredas 1932.



La Palomera y Santa Rosa son veredas del municipio de Santander de Quilichao ubicadas entre  los 1.600 y los 1700 metros de altitud,  con un clima fresco y húmedo, por lo cual sus tierras son propicias para la siembra de café.  Para llegar allá, se toma vía a San Pedro, una vereda más cercana y conocida por todos, que acoge un río muy frío que lleva su nombre y alberga  los  domingos y festivos a toda  una comunidad que le gusta bañar y el plan de paseo de olla.

Las veredas exhiben  hermosos paisajes y distintos verdes que evidencian la conservación de especies nativas de plantas de la región. El azufrado, un  pequeño brote de agua natural  que resguardado en  el  Cerro de  Munchique, es un símbolo de orgullo para la comunidad, que desea  lo conozcan y visiten  aunque  la naturaleza  lo  abriga  como un tesoro, escondiéndolo tras una enorme  piedra.. La existencia del Azufrado, según comentan,   es el testimonio de lo que los ancestros llamaron  el  ¨Pozo del Indio”, un  respiradero de lo que sería un volcán, porque de sus aguas brotaban burbujas.

Las memorias de las personas que  habitan las veredas se trenzan en estas montañas que han sido su hogar.

Aunque rememoran los años treinta como los años del origen, cuando muy pocos abrieron camino,  ya en  el año 2006,  eran cerca de  75 familias habitando el territorio, familias caracterizadas por  su calidez, su amabilidad,  su  fuerza y unión. 
En el primer diálogo una voz emerge con fuerza:   mi nombre es Ferney Rojas, aquí todos me conocen, represento a la Junta de Acción Comunal en el sector de vías y ahorita vengo a aportar en la construcción de la memoria,  aunque los Yule nacieron aquí hace muchos años más que yo. Yo llegué aquí a los 9 años;   ellos tienen un proceso de historia más de allá y yo más de acá. Se refería así a un sector de la vereda.

Ferney intenta establecer   un  orden al unísono de voces que se esmera por hacerse escuchar,  pues hay mucho que contar. El grupo de personas, sabedoras e interesadas en aportar,  reconocen la importancia de   dejar un recuerdo escrito para que los más jóvenes sepan que lo que se hizo, no fue  cuestión de soplar y hacer botellas y que cada cosa que se ha hecho lleva el trabajo y el esfuerzo de muchos para hacer realidad lo que se veía lejano. Como dicen, en el trajín del día a día, los esfuerzos se concentran en solucionar las cosas que se van presentando, pero  el tiempo borra las huellas del caminar y se va quedando  sin compartir  lo que se ha  conseguido y cómo se ha conseguido.

Ferney propone que se hable por partes, primero sobre  la escuela y luego sobre la carretera, pero  primó la conversa en torno al origen de la vereda, de  cuándo dejó de ser selva para acoger personas e historias. 

Empezamos con la Palomera, cuando era un gran terreno de bosque nativo, sin nombres y divisiones, cuando se conocía como  “Rio Chiquito”

Apolinar Penagos había llegado de Jambaló buscando hacerse a un pedazo de terreno por el año 1932. Construyó primero un rancho con techo de paja y luego se puso en  la tarea de construirla en ladrillos. Para entonces también llegaron cinco familias más: las de Efraín Velasco, Antonio Conda, Víctor Luis Fernández (oriundos de Jambaló) y Evaristo Yule. Podría decirse que fueron las familias fundadoras, que abrieron trocha para hacer sus casas y una nueva vida. Hoy da fe de toda esta historia Doña Simona Penagos, viuda de Don Francisco Paz Mera E hija de Don Apolinar, quien es la mayor de la vereda con 96 años y da fé de muchas historias.  

En el año 1940, según cuenta uno de los descendientes de Don Evaristo, mediante Ordenanza de la Asamblea Departamental, se abrió camino un Señor Fermín Cuellar para asentar el primer aserrío de la región, por la parte de lo que hoy se conoce como Vereda Guayabal y eso significó el principio del fin de los árboles nativos. Los Otobos, árboles frondosos y enormes, de los cuales se sacaba la Manteca de Otoba, hoy están extintos, a excepción de unos cuantos que sirven de testimonio de su otrora existencia, en el solar de una que otra casa de la vereda. El propietario del famoso aserrío, que atrajo trabajadores del Tolima, Huila, el eje cafetero, entre otros lugares, armó un campamento en Guayabal. Cuando ya exprimió suficientemente el bosque, sin que se conozcan las razones de su retirada de la zona, empezó a negociar los terrenos horadados a sus trabajadores, y así se fueron quedando instalados en el territorio como nuevos pobladores. 

Jaime, un tipo preciso al caminar como al hablar, ha vivido lo suficiente para sumar  a su repertorio de historias el inicio de la vereda. “Yo pienso que la vereda se empezó a nombrar como La Palomera fue después del 53, porque yo soy nacido en ese año y en mi registro no dice vereda La Palomera, sino Río Chiquito”.  Le decían Río Chiquito, porque pasa muy cerca de la vereda y era una referencia para todos y para todo. – A él le enorgullece el apellido Yule, porque junto con los  Penagos fueron  familias  fundadoras de la vereda en el tiempo en que  La Palomera era un único  territorio del que  luego se formarían también las veredas Santa Rosa, Guayabal y Pavitas. 

De la constitución oficial de la Junta de Acción Comunal de La Palomera, da razón Doña Amalfi, su actual presidenta. Menciona que fue radicada el 4 de octubre de 1968 y que el nombre de la vereda  tiene dos versiones: la que cuenta Jaime sobre la casa de su padre, a la que llamaban la  Palomera” en 1944.
 
“Nosotros les teníamos miedo a los Pájaros, aunque nunca vimos ni uno”

Cuando creció el territorio, se fueron reconociendo las creencias y las diferencias. En cuanto a la política, en el lugar eran casi todos liberales y solo un conservador se arriesgó a convivir en medio de sus opositores merced a un amor de filiación liberal. Fue duro que lo aceptaran, hasta atentados le hicieron, porque la violencia (1930-1953) también llegó a estas tierras y  se incrustó en la vida cotidiana: en ese tiempo no había teléfonos, pero sí gente dispuesta a llevar como los mensajes; yo recuerdo que llegaba media noche y me decían “vea sálgase, que allá vienen los pájaros” y amanecía en los cafetales– dice Jaime

Seguro hay otras historias que contar de esa época, alguno debió verlos. A Liliana, por ejemplo, su mamá le contaba que cuando llegaban los Pájaros, ella y su hermana no podían estar en la casa; sus padres las guardaban en un cajón mientras se iban, y así  sabían que ellos  habían llegado..

 “He vivido en esta comunidad desde los 9 años. Participar en la Junta es sentirla propia, la gente me conoce, ha oído y ha visto lo que hago, eso no es pa’ mí, es pa’ todos y ellos lo saben” – Dice Ferney. En la comunidad siempre se ha sabido lo que se hace, si se siembra algo distinto,  se va a saber, como  pasó con la coca.. Un día salió a la luz que alguien estaba sembrando “eso” que era ilegal, y quizá esa persona creyó que su decisión individual solamente le iba a afectar a él, y jamás se imaginó que nos implicaría a todos. . Como comunidad, hablamos con esa persona.  “Se le hizo conciencia y se le pusieron los puntos claros. Si dejábamos a uno que hiciera eso, después eso nos cogía ventaja, por eso los campos se están dañando” - dice Ferney

Así que se armó junta, hablamos y se procedió a parar eso. Qué sería de la vereda hoy en día si no se hubiera solucionado de raíz. La fuerza de la comunidad es eso, saber qué hacer y cuándo toca decidir... Porque abrirles paso a esos cultivos, es abrirle paso a la desgracia, a la guerra, a los grupos armados cobijados por la ilegalidad. Abrir la puerta a los cultivos ilícitos es cerrarle la puerta a la paz que da el campo.

Pese a todo, Don Israel dice que en la vereda Santa Rosa siempre se ha respirado tranquilidad. En todo el territorio abundaban los árboles maderables y la gente se bañaba en aguas calientes para sanarse; aguas que, según los ancestros, provenían del Cerro Munchique, al que nombraban un volcán. La gente empezó a cultivar y abundaron también la cabuya, el café, el aceite de otoba, las flores, especialmente los lirios y las azucenas. Traían y llevaban mercancías entre Jambaló y Santander: se veían recorrer el camino recuas de yeguas con arroz, manteca de cerdo, sal y aguardiente.

Aquí hay de todo y me acuerdo de que de allá arriba de Jambaló los jueves y viernes bajaban por aquí la papa, la harina, la manzana, porque allá se daba mucho la manzana” –. De aquí al pueblo, a caballo,  se echaban una hora o media horita más; por eso se manejaba la arriería , pero eso se acabó cuando llegó la carretera en 1952. Ahí se abrió la vía y era más sencillo comunicarse al pueblo y del pueblo acá: se comenzó a mover la economía, a necesitar productos que acá se producían y por ahí en el 56 llegó  la primera chiva, la chivita de los Penagos”, comenta don Israel.

En 1977 llegó la electricidad en La Palomera; en Santa Rosa se demoró unos 5 años más, aun así, se necesitaron 11 años para que la telefonía en La Palomera se quedara. El sector que se llamaría vereda Santa Rosa era la zona más próxima  a Santander y tenía  hermosos paisajes agrestes.  La nueva vereda  fue reconocida  en 1977. Israel, hijo de Rosalino Ulcué, quien donó el terreno, cuenta que debido a que su padre tenía una finca llamada Santa Rosa, se le dio ese nombre a la vereda.

La comunidad recuerda con orgullo a sus fundadores: la familia  Ulcue - Velasco, Tobar - Guasaquillo, Fernández, Casso, Guejia, Quitumbo – Rivera, Guzmán, Mestizo, Orozco – Vaca, quienes aportaron a que hoy se conserve un paraíso. A medida que crecía la población en la vereda La Palomera, las distancias que debían recorrer los niños para asistir a la única escuela, se hacían cada vez más largas. Esa primera escuela en la casa de Jaime fue recordada por todos, entre otras cosas, porque el alimento que recibían en las tardes para continuar el estudio era proporcionado por el programa  “Alianza por el Progreso” para mejorar la salud y la educación de los niños y las niñas, en los años sesenta, liderado por  expresidente John F. Kennedy de los EE. UU.

A la gente de la vereda Santa Rosa le dolió el esfuerzo de los niños y niñas y eso fue un detonante para que se pensara en la división veredal. Para entonces, por cada cierto tramo de tierra se construía una nueva escuela. Así que el compromiso de las familias de Santa Rosa les hizo tomar acción de “armar rancho aparte” y hoy cuentan con una nueva escuela, con parque y con cancha, contigua a su casa comunal. La mejoría en la educación para las nuevas generaciones sería la motivación que marcaría el paso de los siguientes años.

Referencias bibliográficas

ANUC Cauca. (2021). Historia de la ANUC Cauca. http://www.anuc-cauca.org/historia
Portal Servicio Geológico Colombiano. (2023). EL terremoto de Paéz: un evento que desencadenó uno de las grandes tragedias que ha vivido el país. https://www2.sgc.gov.co/Noticias/Paginas/El-terremoto-de-Paez-un-evento-que-desencadeno-una-de-las-grandes-tragedias-del-pais.aspx
Comisión de la Verdad. (s.f). Pueblo Nasa: la Masacre del Nilo o Masacre de Caloto. https://www.comisiondelaverdad.co/pueblo-nasa-la-masacre-del-nilo-o-masacre-de-caloto


Las escuelas de Santa Rosa y La Palomera. Lo último que se pierde es la esperanza
Lina Fernanda Alegría - Magda Yaneth Londoño


En la casita de Simona Penagos y Francisco Paz Mera, que ahora es  propiedad de Jaime Yule,  se abrieron las puertas para iniciar la primera escuela de La Palomera con una  profesora del municipio de Jambalo. Allí, arrinconados, empezaron dos grados académicos y cuatro cursos. Don Jaime recuerda  muy bien que,  en los inicios de la vereda, por allá en los años 70,  había dos grados: primero y segundo, pero curiosamente  de primero A se pasaba a primero B, para continuar en  segundo A  y  por último a segundo B. 

Sobre esos orígenes cuenta :  ” No teníamos mucho dinero, la primera profesora se hospedaba en casa de nuestra familia, y se le brindaba la comida. Ella inicialmente trabajaba solo por eso, por comida y vivienda”.

La comunidad empezó  luego la gestión de un terreno para una mejor escuela y con la donación de un lote en cercanías de la casa de don Evaristo,  y con el liderazgo del Sr Víctor Tróchez, se construyeron varios salones y una cancha.

La educación era  importante para nosotros, porque yo me ponía a ver que nosotros habíamos estudiado no más dos grados, porque era muy costoso – dice Jaime.   Ahí empezó la lucha por buscar la manera de tener  una educación accesible económicamente y que fuera cercana para  la gente. Esta primera gestión de la escuela la hicieron Don Apolinar Penagos y Evaristo Yule en Popayán para  que no tuviéramos nada que envidiarle al pueblo, pero qué vaina más dura. 

Don Jaime Yule y Don Ferney Rojas, han sido quienes han hecho de la educación un pilar en la zona. Los decires coinciden en que siempre han dado la pelea por defenderla, como la protesta aquella vez en la Panamericana. Recordar ese momento  es bueno. Es como si   las cosas volvieran a pasar, todo lo que se luchó para que hoy las nuevas generaciones tengan acceso a una buena educación sin que eso signifique sacrificar  los ingresos de la familia “Nos tocó duro” – dice Ferney.

Una nueva escuela para una nueva vereda

A los niños de la vereda Santa Rosa les costaba mucho ir a estudiar a La Palomera, el camino era bravo y exigía madrugar más. La comunidad preocupada por sus niños, se dio a la tarea de construir un nuevo espacio  para una nueva escuela, que abriría sus puertas en 1972. Tomaron impulso y echaron mano de lo que había a su alcance, un poco de madera y otros materiales del entorno, donde sobresalió  la unión y la fuerza de su gente. 

Mi papá subía con una señora que le dijo que hacía falta una escuela, que fuera a hablar a Caloto con el alcalde a ver si le daba la plata, le hizo sancocho de gallina y por allá lo subió y dijo que no, que estaba más pa’ acá, pal lado de Santander, entonces que él iba a ayudar a hablar allá. Mi papá fue a hablar con el alcalde de Santander y entonces allá le dijeron que hiciera fondo y luego la ramadita - Emilia

Cuenta Don Odulfo Piñeros, un profesor con historia en la vereda, que el primer profesor que  llegó a la escuelita fué Leider Banguero. Tiempo después, en 1979 llega él, gracias a un contrato de la alcaldía municipal denominado subvención, donde la Junta de Acción Comunal le pagaba del  dinero que le daba el gobierno.
“No era la mejor escuela, 
pero estábamos orgullosos de lo que habíamos logrado”. 
Odulfo Piñeros

Con el esfuerzo de la comunidad se organizó otro espacio adicional para mejorar las condiciones de los niños. Hacia el año de 1986, se desarrollaba una Política de Estado que se llamaba “soluciones educativas” del gobierno de Virgilio Barco Vargas; con ese insumo ubicaron una plaza y fue el profesor Odulfo quien pasó de profesor, a director rural.  Era una época de crecimiento y la escuela acogía a muchos  niños y niñas; ese aumento poblacional exigía una ampliación de la institución. En esta gestión apoyó la Federación de Cafeteros, quien reconoció la necesidad y construyó otra aula; con ella llegó Benancio Dagua, quien continuó como educador por 4 años en la vereda Santa Rosa . 

De la Palomera a la Esperanza

“En el campo los niños y jóvenes se van yendo de la escuela 
porque en el campo existe mucho la necesidad de trabajo”. Odulfo 

La necesidad del bachillerato para los niños y niñas era cada vez más grande. La meta siempre fue clara, impulsar  un colegio oficial en la vereda. El camino para lograrlo no fue sencillo; fue necesario buscar ayuda económica y la asesoría necesaria  para gestionar  una Institución Educativa en la zona.

Recuerda don Jaime que Martín Rueda, un comerciante reconocido de Santander, decidió apoyar el proyecto de tener un colegio en el campo. Con su respaldo económico,  se pensó en la asesoría del profesor Nelson, quien  tenía el conocimiento para hacer  el proyecto. El profesor Nelson no obstante dijo que él lo hacía de manera independiente, o sea por cuenta propia. Fue entonces cuando se logró contar con un colegio privado y se aplazó  el sueño de un colegio oficial . Se creó el Colegio Siglo XXI de carácter  semiprivado. Los estudiantes gozaban de una subvención y los padres pagaban otro tanto. Se aceptó sin  mucho ruido, porque el alcalde dijo que estaban unas becas disponibles. 

El colegio Siglo XXI ayudó mucho a la comunidad, fue muy importante mientras estuvo allí;  se realizaron varias actividades para beneficio de todos, pero luego encontraron que algunos niños que estudiaban en la escuela ya no pasaban al bachillerato porque debían pagar. Esto motivó que se tomara acción para avanzar hacia el  colegio  oficial para todos los que se quedaban sin esta opción. La problemática crecía, afectando no sólo a las familias de los alumnos, sino también a los maestros, pues su cariño por la vereda y la educación no suplía sus necesidades básicas. Muchos educadores vivían netamente de las rifas y ferias que hacían los padres y madres de familia para poder pagarles. Esta situación les llevaría a todos a tomar una difícil decisión.

“Cuando ya dijeron que no seguía el colegio siglo XXI, el profesor Jorge Giraldo se comunicó conmigo. Yo en ese tiempo trabajaba en el colegio Juan Tama y ahí fue cuando el profesor me dijo que el colegio no iba a poder seguir funcionando porque ya no podía más, que yo que estaba en educación, mirara a ver qué podía hacer -  narra Don Jaime 

Que se acabara el único colegio de la vereda era toda una tragedia, en parte porque no había recursos para bajar al pueblo y además porque los cupos eran muy limitados.  La vereda necesitaba un colegio oficial, pero tocaba pelearlo. “Pelearlo a rajatabla”, como comenta Ferney, pues la vía Panamericana fue testigo de la lucha que dieron los padres en la necesidad de ser escuchados, esos mismos a quienes les tocaba elegir entre comer o educar a sus hijos, exigiendo un colegio público.

Cuando se propuso el colegio oficial fue duro, hubo una rosca ahí entre el municipio y la gobernación y no organizaban la cosa, pero con la ayuda de algunos profesores continuamos para que los niños pudieran tener su educación, aquí hubo profesores aguantando hambre y para ayudar con la situación recogíamos fondos, hacíamos fiestas, ferias y donaciones, en ocasiones se sacaba de la propia remesa para darles. Incluso recuerdo que nosotros hicimos un festival grande, de esa platica nos quedaron tres millones de pesos, con eso le dimos de doscientos mil pesos a cada profesor… los profesores querían esta vereda. – Ferney

En el 2003, con la ley 715 de 2001, donde se establecen disposiciones sobre la cobertura, calidad y financiamiento de la educación, se ordenó que las escuelas debían  fusionarse con los colegios, y así sucedió  que muchas escuelas se pasaron a  llamar Centros Educativos, como la de  Santa Rosa, Palmichal, Guayabal y Palomera, que debían fusionarse con un colegio que se llamaría Institución Educativa. En este caso, la nueva Institución  “La Esperanza”, que se aperturó en el año 2005, y que se ubicó en la vereda La Palomera. Las escuelas de Pavitas y El Broche, a pesar de su cercanía,  no se incluirían  en esta unión, debido a que pertenecían a otros colegios del resguardo indígena, como la Institución Educativa Benjamín Dindicué y la Institución Educativa Las Aves.

De esta manera, en el 2005 por fin se inició  el año sexto en la naciente Institución educativa de la Palomera,  en la jornada de la mañana,  con 45 estudiantes. Se  contaba con pocos maestros y se  solicitaron más a la Secretaria de Educación del Cauca, pero estos se demoraban mucho en llegar o no  llegaban nunca. En la comunidad se decía: “no perdamos  la fe, que los profesores si llegarán” , y se acuñó desde entonces la frase “lo último que se pierde es la esperanza,” y de allí el nombre del colegio.

Con la esperanza llegó la maestra  Luz Dary Sarria, quien  se encargaría del grupo y al mes llegarían  dos profesores oferentes contratados por  el Gimnasio Moderno de Popayán, un colegio de mucho prestigio en esa ciudad, de carácter privado. “Eso era un enredo, pero la situación se fue solucionando porque empezaron  a llegar los profesores nombrados indefinidamente como el profesor de matemáticas Albeiro, y la profesora Liliana Patricia. Comenta Odulfo

En el año 2007 se solicitó la visita para la aprobación del colegio y nos aprobaron hasta grado noveno, allí ya se iba contando con un primer paso para la consolidación del bachillerato, pero no era suficiente. Nuevamente en el 2008, realizaron una nueva visita de la Secretaría de Educación del Cauca y aprobaron  hasta grado undécimo. Se otorga con esto el carácter de bachillerato con énfasis Agroambiental. En este año nombran  al  director rural Odulfo Piñeros, como rector con funciones, y el colegio empieza a crecer en número de  estudiantes. Por su parte el colegio Siglo XXI, que funcionaba en las mismas instalaciones del colegio oficial en la jornada de la tarde, empieza a decaer pues los estudiantes y sus padres prefieren estudiar en la jornada de la mañana. Con el tiempo el colegio Siglo XXI finaliza labores en la vereda la Palomera y se traslada al casco urbano de Santander de Quilichao.

A la comunidad se le debe todo.

La participación de la comunidad, en ambas veredas siempre ha sido muy buena. Es evidente el compromiso y el cariño por lo propio, afirma el profesor Odulfo Piñeros. El trabajo comunitario es de resaltar pues los habitantes de las veredas Santa Rosa y la Palomera dieron nacimiento a las escuelas con esfuerzo y recursos propios. Tiempo después se gestionaron recursos en el municipio y en Popayán, se logró la vinculación con organizaciones como el Comité de Cafeteros, donde apoyaron las escuelas para su construcción, mantenimiento, limpieza y construcción.

La comunidad también ha defendido y luchado por conservar una educación que acoja a todos los habitantes de las veredas. Si bien, en su mayoría son campesinos y algunos son “censados” por el cabildo, no se deben quedar por fuera. La existencia del resguardo generó dificultades al principio, pues la identidad y constitución de la Institución Educativa La Esperanza, tenía intenciones de tomarse como una educación propia, impartido por y para indígenas.  

Así lo narra el profesor Odulfo Piñeros, quien encabezaba la Institución Educativa para esos tiempos. “Una vez me habló la Sra. Yule comentando que el cabildo estaba interesado en aportar un dinero al colegio (en ese tiempo, un monto significativo) y la verdad a cualquier colegio oficial un aporte le es necesario. Pero, antes de realizar el donativo se solicitó tiempo para dialogar con la comunidad de la situación, y al reunirse, se negó a recibir el dinero.

La comunidad advirtió que recibir el donativo sería como una oportunidad para que el cabildo decidiera sobre el colegio, pero, ya estaban organizados y no aceptaría el cambio. Con eso sellado en palabra, se enfilaron a hacerlo formal, fue así como después de la reunión se realizó un comunicado. El colegio recibe a todos los niños, niñas y jóvenes del sector, estén censados o no, el colegio es para todos los que quieran estudiar, y los malos entendidos son sólo parte de la historia.

La Institución Educativa La Esperanza, desde el 2010 ha graduado muchos jóvenes, algunos de ellos ahora profesionales, y otros líderes de la comunidad, que hoy honran el esfuerzo de sus antecesores y contribuyen en la toma de decisiones por la defensa del territorio desde procesos de paz.


Memorias de identidad campesina: Asociación Campesina Mano Amiga.
Lina Fernanda Alegría Villamil



“Aquí el café ha sido la base  desde que llegaron los abuelos” – Francisco Paz.

El café ha sido fundamental en  la economía, la  historia y la memoria de las veredas  La Palomera y Santa Rosa. Y fue el nicho de la creación de la Asociación Mano Amiga. Las familias campesinas unieron esfuerzos  para hacer resistencia en pro de su identidad y sus tierras, evitando la expropiación y que su territorio pasara a manos de  de n resguardo; la Asociación Mano Amiga, constituida formalmente en 2006, es el resultado de la unión de 17 personas, entre ellos  Jaime Yule, Rodrigo Acosta Medina, Jesús Fernández, Juan, Sulay y otros 12 .

“Nosotros nos unimos y hubo un tiempo que estuvo quieto porque el objetivo fue no dejar comprar la finca” 

La Asociación Mano Amiga le debe su nombre al proceso vivido. Se tomó una decisión rápida frente a la inminente presión de  los indígenas para hacer de este territorio un resguardo. Por eso fue todo un reto, además de que la asociación representaba y evidenciaba  el trabajo de cada uno de los socios. Al respecto, Jaime, unos de los fundadores comenta: “ el proceso ha sido como unir nuestras manos para hacer una fuerza, para proteger; así se unieron varias manos amigas para hacer el proceso; pero la idea fue de Juan”.

Es importante reconocer y valorar la manera cómo se ha logrado conservar  la tierra en esta zona, porque si bien la tenencia de la tierra ha sido el origen de disputas  entre comunidades de otras partes, en este caso la relación entre los indígenas y los campesinos se ha basado en el respeto y el diálogo.  La región baja de la vereda siempre ha sido una región campesina, mientras que, en la parte alta están los cabildos indígenas. A principios de los años noventa, los indígenas estaban pasando por un momento muy desolador  debido al conflicto armado. En 1991, tuvo lugar la Masacre del Nilo a manos de los paramilitares; en ella perdieron la vida 21 personas del Resguardo de  Huellas, durante la recuperación de tierras .(Comisión de la Verdad, s.f). Entendiendo esto, la  finca el Taladro, ubicada en La Palomera, se tornó en motivo de discordia,  pues quiso plantearse como la posibilidad de un  trueque con el Estado por parte del Cabildo,  aprovechando que su dueño la estaba vendiendo en el año 2006. 

La finca El Taladro, con 23 hectáreas, era una de las más grandes de la vereda, de propiedad del finquero Don José Domingo Prieto, oriundo de Cundinamarca, casado con Laurentina Penagos, de padre generoso y responsable, dejándoles a sus hijas tierra cuando se iban de casa . Cuenta Jaime, que, como obra divina, él tenía conocidos en la gobernación de Popayán, y uno de ellos , que trabajaba en la Corporación Autónoma del Cauca (CRC)  tenía información de  que estaban vendiendo la finca y de que los indígenas tenían interés de comprarla. inquieto sobre lo que podría suceder, decidió alertarlo,  y  averiguar qué implicaciones traería y  cómo podría proceder.  

Prosigue:  “Me dijeron- “vea, para poder proceder ahí tiene que haber una  entidad que los defienda como campesinos para poder luchar”. Entonces aquí sólo estaba la JAC y estaba conformada también por indígenas, por lo que ahí no se podía. Me acordé de que unos años antes había conformado el Comité de Apicultores en el Norte del Cauca y tenía esos estatutos, entonces formé rápido una Asociación con los estatutos de los Apicultores. Con eso en mano, les cambiamos los nombres, los llevé a Popayán y como en un mes nos dieron la resolución; con eso pudimos parar ese proceso. 

En tiempos pasados la vida asociativa era nula, don Francisco se refiere a un “egoísmo no malo” donde  cada uno buscaba concentrar todas sus fuerzas y energía en su “tierrita”. Era un tema que requería una organización de la comunidad. Pero en ocasiones, sucesos desafortunados o  conflictos, hacen que la comunidad  se fortalezca y logre impulsarse para alcanzar cosas más grandes.

Una vez cumplido el objetivo de disolver el negocio de la finca con los indígenas, la Asociación se fue apagando, muchas personas se iban saliendo. En medio de esa situación, aparece el proyecto de siembra de tomate en invernadero, impulsado por la Alcaldía de Santander; era un proyecto  que podría animar a la gente, mostrarles les ventajas de la Asociación y asi fortalecerla. . Desafortunadamente, aquello salió mal y las esperanzas de continuar eran cada vez menores.

Yo recuerdo que hubo 3 cosechas. En la primera nos fue un poco bien, ya en la segunda le cayó plaga; unas personas se propusieron recuperar la plata, pues era una donación de la alcaldía donde todas las ganancias eran para la asociación, pero eso les fue remal, la tercera cosecha ya tenía mucha plaga.

Rodrigo y Jaime coinciden en que el problema fue de administración, falta de organización y descuido de la gente. Al contrario, Francisco pretende tener una visión objetiva de la situación, por ello enfatiza en que la dinámica nueva que exigía el cultivo de tomate exigía una  capacitación que no se tenía, y eso  encaminó el proyecto hacia el fracaso. 

 Aún se evidencia en sus rostros la culpa, pues  independientemente de las razones, el proyecto falló y con eso también  se perdió la ilusión de  ampliar las posibilidades de nuevos cultivos para  fortalecer la asociación.

Cuando entró Eduard,  con el  iniciamos a perfilar el tema empresarial. Fue  como partir en dos su historia: se fortaleció asumiendo riesgos pero con  la experiencia ganada de los primeros momentos. No todo ha sido color de rosa, hemos tenido inconvenientes con la gente cuando deben asistir a las reuniones; muchas veces no tuvimos cuórum para poder tomar las decisiones y los proyectos quedaban ahí, pero lo cierto es que cambió ese tema, la gente fue entendiendo que para acceder a proyectos hay que estar asociado y además el apoyo del gobierno viene es para la gente que está organizada. – Francisco Paz.

Trabajar en colectivo no es cosa sencilla, quienes lo hacen han nacido con ese don, con esa chispa, como la que tiene  Jaime con su sola presencia. A él mismo,  que impulsó en un inicio la creación de la Asociación, le dolía su decadencia. A pesar de eso, sus  responsabilidades diarias no dieron  espera y  debió alejarse del proceso. 

Comenta Don Jaime Yule: “Don Antonio Orozco me pidió que volviera en el año 2.000, para ver la posibilidad de activar nuevamente la Asociación. Entonces yo fui a una reunión y empezamos a hablar; en la segunda reunión vi que Edward estaba como interesado (la familia Orozco había prestado el terreno para el invernadero de tomate) en unirse.  que lo hiciera,  Lo animé y le dije que se metiera, que yo lo ayudaba; cuando se asoció,  de una lo metieron de presidente, porque no había quién le hiciera y así empezó la segunda generación. 

Había que empezar a echar para delante porque las cosas no se podían dejar acabar así, se había  hecho mucho esfuerzo”

En la II generación, con Edward al frente, la Asociación  ya era otra cosa, según comentan. Él empezó a ponerle más dinámica al grupo y la gente se iba animando con las capacitaciones del SENA y otras entidades. Fue entonces cuando nació el proyecto para el café, donde a las personas asociadas les daban insumos para su cultivo y con ello iba aumentando el número de asociados. En ese camino, el primer proyecto de café de  la Asociación fue apoyado por la OIM y la embajada de Canadá. Cuenta don Francisco que cuando se abrió la oportunidad de ingresar, estaban en la formulación de un plan de desarrollo en el municipio, recuerda que en las mesas de trabajo se encontraron una persona que  trabajaba con la  Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y era quien iba a promover la primera tecnificación para la producción de un  café más eficiente en la Asociación. La segunda donación fue gracias a la Gobernación del Cauca. 

Desde las primeras reuniones, la OIM empezó a apoyar  con maquinaria para la transformación del café: la tostadora, el molino, la empaquetadora, todo, como dicen,  desde el cultivo hasta el empaque. Entonces, dentro de la misma asociación se formó un grupo para el café molido, y esa fue  la primera experiencia que tenía Mano Amiga en ese sentido. afirma – Francisco Paz.

La existencia de la Asociación Campesina Mano Amiga no reñia con la Federación Nacional de Cafeteros ; esta última, mucho más grande, con más experiencia y mayor influencia en el mercado internacional y nacional. En el año 2010, cuando se hizo libre y abierta la comercialización del café, la Federación le facilitó a las asociaciones ser más competitivas en el mercado. A la Federación se le reconoce  su labor de  abrir el camino al campo. En tiempos pasados el café sólo se le vendía de forma estándar y en grano seco o verde, limitando la transformación de la semilla y restringiendo la participación de  los y las campesinas en el  mercado internacional  y en  cambio eran ellos los que hacían los negocios.

Cuando se abrió el tema con los concursos, se  dio pie a que toda la gente pensara de otro modo, porque la condición fue ésta “si usted logra vender su café bien vendido, usted puede atraer un comprador internacional aquí  y ese comprador puede comprar toda su cosecha de aquí en adelante, si usted hace bien su trabajo”. – Francisco Paz

Don Francisco Paz “Pacho” le ha entregado 30 años de su vida a la Federación de Cafeteros. El café, y las plantas han sido la  escogencia de su vida. Sin embargo, reconoce que  el tinte de arriesgado lo lleva Jaime, pues fue el primero en coger camino para elaborar su propia marca de café y procesarlo de forma artesanal. Pero, cuando de cafés especiales se trata, Don Pacho toma la bandera, sabe del tema y  lo ha estudiado habilidosamente: Fue un Boom que apareció, resulta que el Cauca tenía algunos nichos de café especiales, pero era en la parte sur, que eran express o triple A ; todo ese tema llegó con mucha ayuda. Pero para acá,  en el norte del Cauca, era nuevo el tema;  supuestamente acá se producía un café muy malo; eso era lo que se decían los compradores.

“La Asociación, contra todo pronóstico, se arriesgó a producir cafés especiales. Era un completo riesgo, porque este campo requiere sumo cuidado y seguimiento, sumándole la mala calificación que tenía  el café del norte del Cauca. Usualmente, el café del sur del Cauca es mejor calificado por factores ambientales y prácticas agrícolas que lo favorecen para el cultivo de café premium, en términos de sabor, aroma y cuerpo. A diferencia del Norte, donde las condiciones climáticas y altitudes le juegan en contra”.  Francisco Paz

La Asociación lo sabía, pues las capacitaciones que recibieron les dieron conocimiento y manejo del tema. Cuando don Francisco se aventuró a lanzar su propia marca, debía presentarse a las diversas ferias para hacerse conocer. Su café recibió gran acogida cuando salió a las ferias  de  2014  y  2015, clasificando entre los 30 mejores del departamento, con ello se dio cuenta que en sus manos tenía un buen producto..

Pero las noticias no han sido siempre buenas para la Asociación.  No se cuenta a con compradores asegurados para la producción,  es necesario  abrir  mercados internacionales para la compra. En busca de tener un buen producto y estar a la altura de competir,  participaron en la Feria de Café Cauca en el año 2023, pero el puntaje decayó,  y esa situación les mostró lo difícil de catalogarse  entre los estándares y lo salvaje de la competencia internacional.

“Eso nos hizo caer en cuenta que todavía nos falta mucho. Nosotros como caficultores no pudimos hacer procesos, eso nos hizo coger conciencia para producir un buen café”. Francisco Paz.
 
La baja calificación no definió la caída de la Asociación, nada más lejos de la realidad.“no hemos cerrado el tema de volver a concursar, porque la meta es mirar hacia donde esta el futuro de la caficultura”. Lo que se replantea es el paso aseguir, el objetivo está claro, pero la pregunta es  ¿cuál es el camino? ¿Es correcto insistir en el café de alta calidad? Es necesarió una  mayor atención y organización de los implicados para desarrollar un café con proceso. 

“No hemos cerrado el tema de que volvamos a concursar, porque la meta es mirar allá donde esté el futuro de la caficultura”. Francisco Paz.

Finalmente, esta organización campesina ha decidido tener como centro la producción de café a gran escala. La Asociación existe porque han coincidido personas que han puesto en práctica el ejercicio que lleva su nombre, han tomado las manos de los demás y se han levantado con compañerismo y profunda convicción. Es mucho más grande lo que impacta en lo social y el trabajo colectivo.

Sus fundadores miran hacia atrás, con  más orgullo que nostalgia, pues todo lo que se ha construido, además del amor y la unión, ha sido  para beneficiar  a la comunidad.  Jaime  reconoce el impact ambiental que ha generado la Asociación en la comunidad:  “las hornillas ecológicas representan una gran ayuda en los hogares, reduciendo la contaminación y la tala de árboles. La formación y especialización en las labores también es importante  pues el conocimiento que ha venido con las capacitaciones permitió especializar la  mano de trabajo y tener otra visión.

Francisco menciona  que un aspecto que probablemente deje huella a través de los años es la conciencia que ha despertado el trabajo en colectivo, la misma que se llevan a todas partes en cada cosa que se realiza, cada situación que se vive y que es imposible desligar. Quizá esa conciencia sólo se pueda lograr aquí de la mano con la unidad y familiaridad que ha permitido fortalecer la organización social, para seguir abriendo monte y cumpliendo sueños.

Referencias bibliográficas

ANUC Cauca. (2021). Historia de la ANUC Cauca. http://www.anuc-cauca.org/historia
Comisión de la Verdad. (s.f). Pueblo Nasa: la Masacre del Nilo o Masacre de Caloto. https://www.comisiondelaverdad.co/pueblo-nasa-la-masacre-del-nilo-o-masacre-de-caloto








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